miércoles, 23 de abril de 2014

HACIA LA REFORMA EN EL SISTEMA DEL POSGRADO: DEMOCRATIZANDO SU ACCESO Y SU GRATUIDAD PLENA, PARA EL DESARROLLO DEL PAÍS.



POR EL ARCHIVAMIENTO DEL DICTAMEN DEL GNRL. MORA, Y POR UNA VERDADERA REFORMA UNIVERSITARIA (PARTE I) 


EDITORIAL:

Hace unos días atrás en Ecuador, se inauguró la Universidad de Yachay, luego de invertir 1000 millones de dólares en su primera etapa- como una iniciativa que tiene como finalidad la producción de ciencia y tecnología orientada a la transformación de la industria de ese país. Este proyecto que se inspira en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el Instituto Tecnológico de California en EE.UU. así como en otros de Inglaterra y de Japón, responde a una apuesta del gobiern0 de Rafael Correa por romper la dependencia científico tecnológico.


 Figura 1: La Universidad Yachay, el "Silico Valley" de Latinoamérica.


En cambio en nuestro país, el gobierno de la “Gran Transformación” no solo acabó mandando al inodoro las promesas de Revolución Educativa y del Ministerio de Ciencia y Tecnología, sino además, ha resuelto respaldar el dictamen de Ley Universitaria del General Mora, como su mayor apuesta para la Universidad peruana, hoy en crisis.

Somos claros en señalar, tal como lo iremos demostrando en éste y los siguientes números, que este dictamen no replantea los lineamientos principales ni el espíritu del sistema universitario vigente. Su objeto y finalidad se orienta en formalizar, pulir y perfeccionar el viejo modelo neoliberal de universidad, fruto y herencia de la dictadura Fujimorista; toda vez que ésta se fundamenta y se sostiene, como antes, en la constitución del 93, los decretos Legislativos 882 y 739. Por cual, exigimos su archivamiento y llamamos al estudiantado, otra vez, a salir a las calles.

La universidad peruana y nuestro país merecen algo más que paliativos de escaso alcance, que al final acaba siendo un calmante frente al cáncer que la aqueja. Desde esta perspectiva, desde Integración Estudiantil, consideramos como necesario, pero insuficiente, el archivamiento del mencionado dictamen. A la par, señalamos urgente impulsar, desde el estudiantado y la comunidad universitaria, el programa de una auténtica reforma universitaria, y una nueva Ley Universitaria como expresión de ésta, que refunde y redefina el papel actual de la universidad peruana. 

En adelante, nuestros planteamientos o ejes principales para este fin, serán expuestos en atreves de este vocero y otros documentos que haremos público con el fin de impulsar el debate y la articulación conjunta de esta propuesta. En este número de nuestro vocero nos limitaremos a abordar: i) el papel de la nueva universidad en relación a la base productiva; ii) el sistema universitario de Post Grado.

1.- NUEVA UNIVERSIDAD QUE ROMPA CON EL PROGRAMA PRIMARIO EXPORTADOR E IMPULSE LA INDUSTRIALIZACIÓN DEL PAÍS y LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO.-

Mientras que en los países capitalistas desarrollados, y otras potencias emergentes como Brasil, la universidad pública y privada están estrechamente vinculadas a la producción y el desarrollo industrial (ver figura 2), catalizando con las nuevas investigaciones científicas tecnológicas, su desarrollo acelerado, en países dependientes como el nuestro, la universidad avanza en rumbo diametralmente opuesto, frente a la ausencia de un programa de país, en donde la investigación científica-tecnológico este estrechamente vinculada al desarrollo económico y social como un eje estratégico en sus sostenimiento e impulso. El dictamen de Ley Universitaria, como se ha señalado, lejos está representar esta posibilidad.
 
Figura 2: Mapa mundial de acuerdo al volumen de la producción. Fuente: NSF (National Science Foundation) 2008.


Hoy nuestra universidad peruana se encuentran convaleciente y moribunda no solo por abandono presupuestal, sino, fundamentalmente,  por la ausencia de una política nacional –a nivel de pregrado y postgrado- que decidida y resueltamente se oriente a romper y acabar con el programa económico primario exportador al que nos ha venido condenando la receta neoliberal gobierno tras gobierno (dictadura fujimorista, Toledo, García y actualmente Humala).

Es por ello que necesitamos una nueva universidad peruana líder en Latinoamérica; solidaria y férreamente comprometida con la transformación de nuestra base productiva primario exportadora. Es decir, una nueva universidad que coabyugue a la industrialización del país tanto como a la búsqueda y la construcción de modelos de desarrollo sociales, sostenibles y sustentables en el tiempo, en el ámbito local, regional y nacional, en un marco de equidad, independencia, soberanía y justicia social.


2.- REFORMA PROFUNDA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO DE POST GRADO.-

El Censo Universitario 2010 (C.U.2010) nos da ciertos indicadores que reflejan la trágica realidad del sistema universitario de Post Grado. De un total de 839230 estudiantes universitarios de pregrado y posgrado (nacionales y privadas) solo un 5.36% cursa estudios de maestría y dramáticamente solo un minúsculo 0.49% de doctorado (ver Figura 3).

El cuadro 1 siguiente no solo desnuda la realidad de la universidad peruana sino además grafica la importancia y la ponderación que tiene los estudios universitarios de Post Grado para las potencias capitalistas.


Figura 3: Total de Estudiante de Pregrado, Maestría y Doctorados. Perú. Fuente INEI-II Censo Nacional Universitario 2010.


Cuadro 1: Relación de estudiantes de Posgrado y Pregrado, en principales Universidades del mundo.

Por otro lado, según el informe del Centro Interuniversitario de Desarrollo titulado “Educación Superior en Brasil 2005-2009”: El número de doctores titulados en Brasil está en aumento. En cifras absolutas al 2009, los 11 mil doctores titulados anualmente en Brasil están a un nivel similar al de países como Inglaterra, India y Corea del Sur. Así mismo, Brasil forma a 5 doctores por un grupo de 100 mil habitantes, frente a índices de 12,1 en Japón, 13,6 en Corea del Sur; 14 en Estados Unidos, 24 en el Reino Unido y 30 en Alemania. 

Luego e este breve análisis comparativo, no es difícil entender el atraso y la postergación que vive el sistema universitario de  Post Grado en el país, por el contrario, este es uno de los temas que merecen especial atención pues es conocido mundialmente que este se orienta principalmente a desarrollar y producir investigaciones e innovaciones científicas tecnológicas. En consecuencia, mientras esta realidad se mantenga es ilusorio pretender que las universidades peruanas (públicas y privadas) escalen decididamente y sostenidamente en el Ranking Mundial y el Top Latinoamericano.

3.- REFORMA PROFUNDA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO DE POST GRADO.-


La demanda de la gratuidad plena de la enseñanza a nivel de Post Grado, al menos en las universidades públicas, es fundamental para incrementar con decisión, la producción de ciencia y  tecnología, elevando el reducido índice de producción científico tecnológico de la universidad peruana no solo en el mundo sino en Latinoamérica. Realidades no muy lejanas a la nuestra nos muestra un panorama casi distinto. En el Brasil el financiamiento de los estudios de Post Grado fundamentalmente se lleva a cabo por la acción del estado. Existe varias modalidades para llevar a cabo el estudio de post grado, entre ellos a destacar es la modalidad de beca que va acompañado de una bolsa suficiente para garantizar que dichos estudios se lleven  a cabo sin la necesidad de trabajar.

Según el cuadro siguiente (C.U.2010)  más del 88% de estudiantes de Post Grado en las universidades privadas estudian bajo la modalidad del autofinanciamiento, mientras que en el caso de las universidades públicas, son el 91%. 

 
 Figura 3: Porcentaje de alumnos de post grado, por financiamiento de estudio, según tipo de Universidad. Perú. Fuente: INEI-II Censo Nacional Universitario 2010.


Es incongruente producir importantes y nutridas investigaciones científicas, si a la vez se estudia y trabaja (para pagar y sostener los estudios de Post Grado) tal como sucede en nuestro país. El cuadro siguiente muestra que del total de estudiantes de Post Grado, el 6.2 % estudia diariamente la maestría, mientras un reducido 4.1 %, en el caso del doctorado. Preocupantemente la gran mayoría de estudiantes de Post Grado lo llevan a cabo el fin de semana, quincenal o mensualmente.


  Figura 4: Porcentaje de alumnos de post grado, por frecuencia de estudio, según estudio de post grado. Perú. Fuente: INEI-II Censo Nacional Universitario 2010.

4.- ¿QUÉ PROPONE EL DICTAMEN DEL GENERAL MORA PARA POST GRADO.-
Finalmente, a modo de conclusión, tenemos que señalar con contundencia que éste dictamen no plantea nada novedoso. Por el contrario mantiene el lucro y mercantilización de los estudios de Post Grado, al sostener la vigencia del D.L. 882, el que promueve la inversión privada en educación con fines de lucro. 


El 56.4% de estudiantes de Post Grado lo lleva a cabo en una universidad privada, mientras que la universidad con mayor población de estudiantes de Post Grado es la Universidad Privada Cesar Vallejo, con 8647, y la segunda, es la privada Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez, con 3602, según el (C.U.2010).
Por tanto, no es casual que del total de egresados de Pre Grado con intención de migrar al extranjero, el 65% sea para desarrollar estudios de posgrado (C.U.2010).

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Por qué endulzamos el recuerdo de Belaúnde?

por Wilfredo Ardito Vega

284825 348217588597265 1621748353 n
Todos los años, cuando les pregunto a mis alumnos en la universidad durante qué gobierno se cometieron las mayores violaciones a los derechos humanos, me responden lo mismo: en el de Fujimori… y se quedan sorprendidos cuando se enteran que fue en el gobierno de Belaúnde.
No hay que culparlos de su ignorancia. Mientras Fujimori está preso por su responsabilidad como autor mediato en diversos crímenes, Belaúnde es oficialmente recordado como un presidente democrático. Llevan su nombre una importante carretera en la selva, un auditorio del Congreso de la República y diversos colegios. En estos días, debido a que el 7 de octubre se cumple el centenario de su nacimiento, el Congreso ha convocado a un concurso escolar para celebrar su legado, además de programar un calendario de actividades protocolares.
Si algún estudiante (y al parecer algún congresista) quisiera saber más sobre Belaúnde, debería darse un salto por la majestuosa Casa Rímac, ubicada en el jirón Junín, precisamente frente a uno de los locales del Congreso. En este restaurado local se exhibe, en el marco de la I Bienal de Fotografía, la exposición No se Puede Mirar, que reúne cientos de imágenes que Vera Lentz captó durante los años del conflicto armado.
Las imágenes muestran con crudeza los crímenes que cometían los senderistas, pero también reflejan la extrema violencia que ejercían las fuerzas del orden sobre la población civil, especialmente sobre los campesinos ayacuchanos.
Por ejemplo, se expone fotos de la masacre de Soccos, en la cual un grupo de policías irrumpió en una celebración de pedida de mano y asesinó a decenas de personas inocentes. En una fotografía aparece el cuerpo de una campesina asesinada debido a que se atrevió a denunciar lo ocurrido.
¿Era Belaúnde responsable de estas atrocidades? Con seguridad, no dispuso que se cometieran estos crímenes, pero los autores se comportaron con tal ensañamiento que demostraron estar convencidos que no serían castigados. Años después, el gobierno se encargaría de dar protección legal a todos los militares acusados de violar los derechos humanos, convirtiendo torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales en simples “delitos de función” que implicaban penas mínimas.
Durante el gobierno de Belaúnde, las violaciones a los derechos humanos se produjeron de manera sistemática e indiscriminada. Ya desde 1981, los sinchis, el cuerpo especial de la policía, violaba a las mujeres (una fotografía de Vera Lentz muestra a una de las víctimas con su hija, ahora adolescente). En Huaychao, un grupo de pastores evangélicos, que predicaba que los senderistas seguían los mandatos del demonio, fue asesinado. En masacres como Putis, los campesinos fueron obligados a cavar su propia tumba, señalándoles que sería para una piscigranja. En Umasi, las víctimas fueron decenas de escolares secuestrados por los senderistas y los militares violaron a las niñas antes de matarlas. Gracias a la protección legal que otorgó el gobierno, todos estos crímenes están impunes.
“Súbitamente”, recuerda un amigo de Huanta “las señoras que llegaban los domingos a vender al mercado empezaron a llegar todas de negro. Así de niño comprendí que habían matado a sus familiares”.
El Perú tuvo durante el gobierno de Belaúnde, el trágico primer lugar en desaparecidos a nivel mundial, superando a Guatemala, Irán o China. Sin embargo, pese al clamor internacional, el democrático presidente se jactaba de que arrojaba “al tacho de basura” las cartas de Amnistía Internacional, hablando como si fuera un dictador irracional.
Resulta además interesante que en 1983, cuando se extienden las primeras noticias sobre violaciones masivas de derechos humanos en Ayacucho, se produce el famoso asesinato de los nueve periodistas y su guía en la comunidad de Uchuraccay. La muerte es atribuida a la confusión de los propios comuneros, que habrían pensado, por alguna extraña razón, que los periodistas eran terroristas, pero a raíz de este hecho, nunca más los periodistas se atrevieron a recorrer la zona. La masacre, por lo tanto, resultó funcional a una estrategia contrainsurgente que no quería testigos incómodos. Y aún para quienes se quedaban en las ciudades, la situación era arriesgada: Jaime Ayala, corresponsal de La República en Huanta, desapareció en las instalaciones militares de dicha ciudad.
En otra de las fotos de Vera Lentz se muestra una exposición fotográfica, realizada por la Municipalidad de Ayacucho con imágenes de los desaparecidos a los que sus familiares buscaban… La exposición fue realizada en 1985 y mostraba las fotos de las personas desaparecidas en los primeros meses de ese mismo año.
Con estos antecedentes, parece increíble que a mis alumnos les digan en sus casas que Belaúnde fue un gobernante débil, que no reaccionó con firmeza frente al terrorismo, pues, en su gran ingenuidad, habría confundido a los terroristas con abigeos.
A mi modo de ver, la imagen edulcorada de Belaúnde es parte de un proceso en que los peruanos tuvimos la intención evidente de olvidar el periodo de la violencia política, así como de reconstruir una manera de percibirla que no nos molestara.
Mi impresión es que después de la captura de Abimael Guzmán, líder del grupo terrorista Sendero Luminoso, la sociedad peruana hizo un pacto colectivo de olvido, para no pensar en lo que había ocurrido durante esos terribles años. Era comprensible que muchos limeños quisieran olvidar los crímenes cometidos por los senderistas, por todo el sufrimiento que habían causado. Hacia 1992 el Perú parecía un país inviable, donde no había futuro ni esperanza. Recuerdo que en 1994, a dos años de la mencionada captura, ya muchas personas hablaban de la “época del terrorismo” como si se refirieran al tiempo de los virreyes.
Sin embargo, ese pacto de olvido tenía muchos beneficiarios: en primer lugar, quienes cometieron crímenes desde el Estado. Se repitió que habían sido “necesarios para derrotar al terrorismo”, aunque ni Soccos, Umasi, Putis o las demás masacres de los años ochenta, ni las ejecuciones del Frontón ni los crímenes del Grupo Colina tuvieron ningún impacto en la derrota de los terroristas. Es más, las masacres de Ayacucho deslegitimaron totalmente al Estado, que se comportó como un sanguinario ejército de ocupación.
Otros grandes beneficiarios del pacto del olvido fueron los partidos políticos, comenzando por Acción Popular, que reivindica la gesta de su fundador como impulsor de la democracia en tiempos del General Odría. En aquellos años, Belaúnde era considerado revolucionario o hasta “comunista”. Curiosamente, pese a que sus dos gobiernos concluyeron en medio del más profundo descrédito, muchos jóvenes ahora creen que fueron gestiones exitosas.
Ahora bien, precisamente remontarse al primer gobierno nos permite comprender mejor las contradicciones de Belaúnde: en los años sesenta, los matsés o mayorunas, un grupo indígena en la selva amazónica, fueron bombardeados por la Fuerza Aérea como parte del proceso de colonización que Belaúnde impulsaba. ¿Cómo así se permitió este crimen? Yo creo que para Belaúnde los nativos amazónicos no eran ciudadanos peruanos o al menos no en la misma categoría que su aristocrático entorno familiar. Bajo esta misma lógica, Belaúnde pudo avalar la muerte de miles de campesinos, aunque no estuvieran involucrados en ningún hecho de violencia. Era el precio que había que pagar para garantizar que subsistiera el régimen democrático. De esta manera, el régimen de Belaúnde era en realidad un régimen dual, como lo fue el de Sudáfrica: democrático para unos, pero autoritario y violento para otros, cuya vida no valía nada, fueran mujeres, niños o ancianos.
Ahora bien, yo creo que el pacto del olvido es exitoso porque beneficia también a los cómplices de Belaúnde, es decir todos los peruanos que durante su gobierno guardaron silencio, prefirieron mirar a otro lado o fueron indiferentes frente a los crímenes... Cuando se insiste en que Belaúnde “no sabía nada”, es una forma de decir que uno “tampoco sabía”, lo cual en realidad resulta imposible.
Para un grupo de personas, inclusive, las noticias de la violencia, según revela Jorge Bruce, eran percibidas con una secreta satisfacción, porque los cholos se estaban matando entre ellos y, si desaparecían, podrían vivir en un país mejor.
Como sucede con los tabúes existentes en las familias, este pacto de silencio buscaba evitar confrontarse con situaciones dolorosas, que no solamente reflejan responsabilidades, sino también complicidades… y aunque los buenos limeños que prefieren olvidar los crímenes de Belaúnde no mataron a nadie, su complicidad encarna un problema que todavía existe: el racismo que les permitía pensar que la vida de sus compatriotas no valía nada.
Este racismo permitió que se cometieran crímenes tan terribles hacia quienes eran percibidos como inferiores. Con todo el horror cometido por las dictaduras en Argentina y Chile, éstas se caracterizaban por una política selectiva, donde se secuestraba y torturaba a las personas por sus ideas políticas. En los tiempos de Belaúnde simplemente se actuaba de manera indiscriminada, sin tomar en cuenta más que los rasgos físicos. Esto es lo que explica la muerte de bebés y niños pequeños, lo que ni siquiera hacían los militares argentinos, pero sí los nazis. De hecho, los militares ni siquiera podían entender a muchas de las víctimas, porque no hablaban quechua.
Existe un dato adicional: las mismas masacres indiscriminadas que se produjeron en Ayacucho ocurrieron en aquellos años lejos del Perú, en Guatemala, con el mismo ensañamiento y crueldad. ¿Por qué en Ayacucho y el Quiché dos ejércitos diferentes llevaron a cabo la misma táctica de “tierra arrasada”?
Al parecer, existía una coincidencia porque el ejército guatemalteco y el peruano seguían los lineamientos de la Escuela de las Américas, a lo cual se suma el terrible racismo que existía en los dos países.
Años después, Fujimori terminaría siendo víctima de su propio discurso autoritario, y el mismo quiso considerarse representante de la “mano dura”, mientras Belaúnde pasaba al olvido. En el fondo, la percepción de Belaúnde es un poco la percepción que tenemos de nosotros mismos: es mejor pasar por un ignorante que por cómplice de un genocidio.
Este año, el 7 de octubre, centenario del nacimiento de Belaúnde, será una fecha crucial para ubicarnos frente al pacto del olvido y la impunidad. En mi opinión, exigir justicia para las víctimas de su gobierno es una obligación de quienes queremos una sociedad mejor. Para ello la sociedad peruana tendría que aprender a ser menos racista, tendría que ver a los campesinos como seres humanos y tendría que aceptar que su sufrimiento no es aceptable. ¿Será posible que lleguemos a tanto?
* Abogado y escritor peruano. Activista en derechos humanos y en la lucha contra el racismo en el Perú. Magister en Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Doctor en Derecho. Profesor en diversas universidades. Ha trabajado con población indígena en Guatemala y Perú. Autor de la novela El Nuevo Mundo de Almudena, de diversos libros sobre racismo y discriminación, así como del blog Reflexiones Peruanas. Este artículo fue originalmente publicado en la revista Manicomio Suyay, que dirige Juio Martín Meza Díaz. 

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Nos merecemos este nivel de vida universitaria?


La UNI de los años 60's gestora de nuestro actual "prestigio".
            Siempre hemos oído que la UNI es una universidad muy prestigiosa en el Perú, esta afirmación cuenta con muchos seguidores que llegan a caer inclusive en una especie de chauvinismo académico y no se percatan que esta casa de estudios ha desfallecido ya desde hace unos años en la calidad de transmisión de conocimientos.
            Profesores mediocres que llegan tarde a clases y que solamente mandan a leer algún texto o exponen literalmente las presentaciones de PowerPoint, laboratorios en pésimo estado, máquinas o instrumentos nuevos que no son usados por los alumnos hasta por “temor a que los rompan”, currículas desactualizadas, un centro médico que entrega medicinas vencidas, que no corresponden a la enfermedad y hasta diagnósticos negligentes. Se suman también a la lista las deterioradas situaciones infraestructurales y logísticas de los servicios de comida, deportes, residencia y cultura en la universidad. Entonces, ¿qué hace falta para cambiar estas indignantes condiciones de estudio?
            Nos encontramos con la primera piedra en nuestro camino: nosotros mismos. A pesar de una valorable pero poca cantidad de compañeros que se movilizan y protestan contra los abusos, negligencias, torpezas y hasta estupideces que cometen las autoridades universitarias, estas no son las fuerzas suficientes que llegarán a cambiar la universidad de su progresivo deterioro en el que se encamina. ¿Por qué? La respuesta la tienen nuestros compañeros que han ingresado a la UNI solo para egresar y no piensan desgastar ni un nanométrico movimiento muscular en cambiar la universidad ya que argumentan, mediocremente, que está de maravillas. Pero no es así. Hay dos objetivos principales que tiene una universidad dentro de la sociedad y es la transmisión y producción de conocimientos de calidad. Ni lo primero, ni lo segundo, ninguno de los dos han podido realizar eficazmente las autoridades y eso se integra a una masa estudiantil adormitada incapaz de ver más allá de sus tareas.
¿Si no podemos cambiar ni siquiera nuestra universidad, cómo pensamos cambiar el Perú?

¿Qué han hecho con la investigación en la UNI?

       Hablar de ciencia y tecnología en la UNI, su estado actual y sus perspectivas es abarcar un problema de carácter nacional. El problema de la producción científica y desarrollo tecnológico en las universidades públicas y los Institutos nacionales de investigación está ligado al  problema de investigación y de la crisis del postgrado científico a nivel nacional. Así como a la educación y a la visión de país que actualmente está en vigencia y que durante décadas se ha mantenido. Hablar de ciencia y tecnología en una universidad pública es como impulsar una visión de Albert Einstein redactando sus teorías desde la residencia del Pabellón M, o imaginar a un John Nash estudiantil asistiendo al comedor entre sus clases dictadas por Einstein o Von Neumann. Cual la UNI fuera la Universidad de Princenton. Estas son alucinaciones bien salidas de los cabellos. Y aún hoy, hablar de estos temas es notar que estamos en un problema grave que requiere soluciones bastante radicales.

Según un reporte del 2008 de la NSF (National Science Foundation), la producción científica peruana entre el 2000 y 2005 similar a los países de Etiopía, Ghana, Senegal, Tanzania, Uganda y mucho menor que Kenya o Nigeria [1]. A la fecha, sumando la producción de todas las universidades peruanas se publicaron 2192 artículos en el periodo 2005-2009 (siendo la UNMSM y la UPCH quienes han producido más de la mitad). Aun considerando que toda esa producción perteneciera a una sola Universidad peruana, estaríamos en el puesto 1070 del mundo. Para osar aparecer entre las 500 mejores universidades del mundo se requieren, en ese lapso, más de 6000 artículos publicados en revistas indexadas con una calidad mínima (H=1) y de los cuales unas 3000 deberían ser de ciencia y tecnología, unas 1500 de medicina y farmacia, 1500 de agricultura y ciencias de la vida, añadiendo unas centenares de ciencias sociales [2].
Para darnos una idea de este panorama desolador de nuestro país en la Fig. 1 se muestra el mapa mundial deformado en base al volumen de la producción científica en el mundo en la actualidad.

La investigación y el desarrollo científico es un factor importante pero no el único para indicar el desarrollo de los países. Así como tampoco se indica que con los avances de la actualidad estén solucionados grandes desafíos del futuro debido a que responden a criterios políticos y principalmente económicos de los países.

En la universidad y en este ambiente social de la educación y formación de personas que sirvan al país podemos identificar tres actores claros. Los estudiantes, los docentes y el sistema educativo, que involucra la representación del Estado y su línea política para la Universidad que tantos años viene haciendo daño al país.

Entre estos actores hay un único que es el principal agente de cambio y en el que recae la responsabilidad de conquistar un nuevo escenario: los estudiantes. El movimiento estudiantil y sus dirigentes no obstante, o están desentendidos o preocupados en los acalorados ambientes de las elecciones, siempre cercanas. Carentes de un plan estratégico, de un programa claro que los unifique con el único punto de agenda de cambiar la universidad, los estudiantes hoy están dispersos y las organizaciones políticas en su seno, recelosas unas de otras por tendencias hereditarias en la gran mayoría de los casos mal entendidas. Palabras como reforma universitaria, voto universal, libertad de acceso, libertad de cátedra, deben ser bien difundidas, rebatidas y reconstruidas de nuevo para crear un ambiente de creación de un programa más o menos claro que guía el norte de la lucha por la educación que requiere el país.

Referencias
[1]www.nsf.gov/
[2]www.scimagoir.com